domingo, 5 de marzo de 2017

El Chico de la Motocicleta



4
“Adiós Gabriel”




D
os semanas después, Gabriel y yo salíamos a todas partes juntos, conocí a sus amigos y él a los míos, incluso a sus padres conocí, sin embargo el no pudo conocer a los míos, ya que siempre estaban de viaje, la verdad es que la mayor parte del tiempo la pasaba solo en mi casa, oportunidad que con Gabriel aprovechábamos para quedarnos en mi casa a ver películas, leer, comer o simplemente pasábamos la noche juntos, todo de él me gustaba, sus caricias, su voz, su actuar, su manera de ser, como me trataba, como me regaloneaba, como era en la cama, pero de un momento a otro todo fue cambiando, él definitivamente ya no era el mismo, algo estaba cambiando pero no sabía que.

     Una mañana note que no estaba acostado a mi lado como siempre, me levante de la cama, cogí mi ropa y salí de la habitación con la esperanza de encontrarlo en la cocina preparando el desayuno tal vez en el baño duchándose después de nuestra noche, aunque mi corazón se encogió en el momento en que desperté y no estaba a mi lado, ya había pasado un tiempo desde que lo conocí y desde siempre mis sentimientos eran leales hacia él, sin dudarlo algo me estaba pasando con él, aunque no estaba seguro de si sus sentimientos por mi eran iguales, al menos lo ocurrido la noche anterior dejaba de manifiesto que si era importante para él o al menos eso dio a entender. Me di cuenta de lo hermoso que era el departamento, las paredes de color crema, un piso con parque, muebles negros y un largo sofá del mismo color acompañado de dos más pequeños con las mismas características, los muebles de la cocina eran negros también igual que los artefactos electrónicos, Salí al balcón y pude notar la altura en la que estaba el departamento, observe la ciudad casi desierta, era domingo de mañana y claramente todo el mundo estaba durmiendo o a lo menos descansando para salir más tarde y disfrutar de la familia, pero yo no estaba con esos planes, me encontraba solo en el departamento de una persona que no conocía, la cual era la mejor amiga del chico con el que había pasado la noche y que además me encantaba hace un tiempo. 

     Después de hacer la cama y ordenar la pieza, me vestí pues no quería usar l ducha del departamento, abusar de la confianza de una chica que solo había visto por un par de minutos, tome mi bolso y me fui del departamento, Gabriel nunca llegó se desapareció como el humo de un cigarro en el aire, al cerrar la puerta sentí un dolor en el corazón, no había rastro de él por ningún lado y eso me partía el alma, tome mi celular y marque su número pero la llamada era transferida al buzón de voz. Corte la llamada pues no quería dejarle un mensaje que quizás nunca iba a escuchar y además yo necesitaba saber de él, necesitaba comprender porque motivo no estaba abrazándome al despertar, desesperado pensaba en mil y una opción, pero debía estar tranquilo seguramente todo tendría una explicación lógica. Espere durante todo el día su llamado, en Facebook, MSN, Skype, WassApp nunca apareció, ya la situación me preocupaba, volví a llamarle pero siempre escuchaba la voz de su buzón de voz, después de llamarlo miles de veces me decidí a dejarle un mensaje de voz.

“Gabriel, por favor contesta mis llamadas, en la mañana cuando desperté no estabas, necesito saber qué es lo que paso, te quiero” 

     Pase todo el día esperando una respuesta que jamás llego, por las noches desconecte todo en realidad me puse como desconectado y apareció el puntito verde de su chat, comprendí inmediatamente que él no quería hablar conmigo, me recorrió una angustia y sin querer brotaron lágrimas de mis ojos. Apague el computador y me dispuse a dormir, en ese mismo instante suena mi celular, era un mensaje de texto de Gabriel.

“Perdón por desaparecerme durante todo el día, puedo imaginar que piensas lo peor de mí y no te culpo, pero se me presento un problema grave que me tuvo realmente ocupado, por favor perdóname y veámonos mañana, espero respondas y yo igual te quiero”

     Mire el celular y pensé un momento, luego comencé a escribir la respuesta diciéndole que todo estaba bien y que si quería verlo mañana, sin embargo antes de enviarle el mensaje dude un minuto y decidí no hacerlo, no podía demostrar tanta debilidad, el me dejo solo por la mañana después de haber pasado la noche conmigo, no era justo para mi haber pasado todo el día mal esperando una respuesta o una señal de que estaba bien, así que borre el mensaje y deje el celular sobre el velador.

     Me costó mucho dormir esa noche, no podía dejar de pensar en él y además quería saber que sucedió, tome el celular y le envíe un mensaje para decirle que si lo quería ver y que nos juntáramos al medio día en el café Astoria. 

     Llegue puntualmente al café, Gabriel aun no aparecía, entre y senté en una mesa a esperar que el llegara, el mozo apareció y me ofreció la carta, la leí detenidamente, después de un rato observando el menú de variedades opte por pedirle un trozo de torta y un capuchino, el mozo tomo el pedido y se fue. Mire en mi reloj ya eran las doce y media del día y no había rastro de Gabriel, ya estaba perdiendo las esperanzas de verlo, cuando llego el mozo con el pedido estaba y detrás de él un ramo de rosas azules, el corazón me latía a mil por hora al darme cuenta que detrás de esas rosas se encontraba Gabriel, emocionado lo mire, en el café había más gente pero al parecer eso no importo, él llego a la mesa y me dijo perdóname por desaparecerme, se acercó a mí, nuestros ojos se unieron y el resto desapareció, nuestros labios se unieron en un beso que demostraba mucho amor y a su vez una disculpa sincera, nos sentamos, observe de reojo el resto de la gente, algunos miraban sorprendidos, en otros había cara de espanto o de aprobación, pero nada de eso me importaba, pues el chico que me gusta estaba demostrando que yo si era importante para él y eso era lo que contaba para mí, nada más. Gabriel se sentó y pidió un cortado y un trozo de pie de limón, nos pusimos a conversar sobre muchas cosas, y entre esas cosas me conto el problema del día anterior, comprendí todo y le brinde mi apoyo y las gracias por confiar en mí y contarme sus problemas familiares, entre risas y una rica conversación se pasó la tarde, después fuimos a caminar al parque yo me sentía en las nubes, todo era maravilloso poco a poco Gabriel pasaba a ser alguien muy importante en mi vida.

***

     Después de salir durante un par de meses, note que algo no estaba bien, ya Gabriel no era el mismo hacer la vista gorda a aquel asunto, cambiaria todo de alguna forma, pero estaba muy equivocado, su cambio era notable y me di cuenta lo tonto que había sido por pensar que al  , en sus besos notaba distancia, sus caricias me parecían ajenas, le pregunte que pasaba y su respuesta solo era un silencio, no entendía el motivo de su cambio, nuestras salidas al parque, de noche nuestras caminatas a la orilla de la playa, nuestros paseos en la moto, pero todo se iba al carajo por alguna razón, después de muchos intentos fracasados porque él me confesara que era lo que realmente sucedía, me dijo que no pasaba nada, simplemente estaba preocupado por la situación de su madre.

     Aquella noche todo fue normal, casi tan intenso y hermoso como antes, Gabriel recorría mi cuerpo sus manos me hacían estremecer, todo era como alguna vez fue, sin embargo note algo extraño en su actuar. A la mañana siguiente desperté me regalo, ya marchitas por el tiempo y me estremecí al pensar de que lo mismo nos ocurría a nosotros. Después de un momento Gabriel entra en la habitación completamente vestido, me pareció raro ya que siempre se quedaba largo rato conmigo regaloneando en la cama, sin embargo algo era diferente ahora.

-       Te levantaste temprano hoy, ¿ocurre algo?
-       No, nada, solo que debo irme, o quieres tenerme amarrado todo el día
-       Y dices que no ocurre nada, solo escúchate como me hablas
-       Lo siento ¡estoy cansado!
-       ¿Cansado? ¿De qué?
-       De fingir que somos la pareja feliz, cuando la verdad es que no puedo estar contigo.
-       ¿No puedes estar conmigo? Y eso, ¿Cuándo lo decidiste?
-       No viene al caso que lo hablemos ahora, de verdad no quiero herirte y espero algún día logres comprender, pero ahora debo irme, lo nuestro ya no tiene vuelta.
-       No quieres hablar, pues mal me parece, pero está bien si quieres irte no te voy a retener.- mientras decía estas palabras mi corazón se encogía, no quería demostrar debilidad ante Gabriel, sin embargo fue imposible no derramar una lagrima de despedida, me sentía devastado, solo quería despertar de ese mal sueño, pero poco a poco notaba que era todo realidad.
-       Me voy, fueron momentos muy listos pero no puedo seguir adelante.

     Gabriel giró el picaporte de la puerta y lo giro en el momento en que esta quedo completamente abierta puso un pie fuera de la habitación, se voltio una vez más para decirme adiós y que lo sentía y nuevamente me dio la espalda, pero yo debía saber algo más y no dude en preguntárselo.

-       Antes de irte, solo respóndeme una cosa, ¿Cuál ha sido mi error?
-       ¡Enamorarte de mí!
-       No te entiendo
-       Haber, aun con todo lo bello que has sido conmigo y a pesar de esos momentos maravillosos que hemos pasado juntos, momentos inolvidables lo juro, todo ha sido hermoso, sin embargo…
-       ¡Sin embargo que!
-       Sin embargo él aún está presente, trate de olvidarlo pero se me ha vuelto imposible hacerlo, por eso no puedo estar conmigo, espero algún día lo comprendas, adiós.
   
  Solo dijo esas palabras y salió de la habitación, sabía que jamás regresaría, que al momento de cruzar la puerta ya nada iba a ser igual, mis ojos se nublaron completamente y las lágrimas no se hicieron esperar. Lo había perdido para siempre, escuche el sonido de su moto, mire por la ventana y lo vi alejarse, para jamás volver.

El Chico de la Motocicleta



3

“Al Fin Juntos”









C

omencé a caminar por el sendero del río en dirección a mi casa, estaba decidido a irme caminando, por una parte maldecía haber aceptado la cita de Gabriel, por otro me cargaba haber sido tan impulsivo y llegar e irme de la fiesta sin medir las consecuencias.


     Dentro de la fiesta, Gabriel se quitó de encima a Jonathan su ex y fue a la mesa de sus amigos, al notar que no estaba  yo, le pregunto a Soledad

-       ¿Dónde se había metido el Seba?

-       Te vio besar a Jonathan y se fue corriendo, no nos dio tiempo de detenerlo.

-        Maldición, debe haberse retirado de la fiesta.


     Gabriel salió tras de mí, pero yo le llevaba mucha ventaja, cuando estuve cerca del puente viejo me detuve a pensar y a llorar, me sentía un imbécil pensando que entre él y yo podía ocurrir algo. Estaba tan metido en mis asuntos que no escuche el sonido de la moto de Gabriel acercarse, cuando ya se encontraba muy cerca de mí, lo suficiente para atraparme si es que pensaba huir, me dice.


-       Ángel, ¿Qué haces aquí, tan solo?

-       Nada, simplemente me aburrió la fiesta, pero ¿Qué haces tú aquí? Vuelve, puede que Jonathan se enoje al ver que no estas.

-       Por eso te enojaste, bien, sabes una cosa, sé que no me vas a creer, pero él me dio un beso, yo no quería hacerlo.

-       Que obligado tú, no me pareció verte tan incómodo sabes.

-       Tienes razón al estar enojado conmigo, pero Seba de verdad que ese beso no significo nada para mí, hace tiempo que logre superar a Jonathan.

-       No te creo, ahora me dejas a solas por favor.

-       No, no lo haré, hasta que te des cuenta.

-       ¿Qué me dé cuenta de qué?, ¡que me invitaste a la fiesta solo para restregarme en la cara tu felicidad!, para que viera como te besas con él. No Gabriel muchas gracias, pero he aprendido bastante a lo largo de mi vida.

-       Pero ángel, de verdad que no siento nada por Jonathan, él fue el que me beso.

-       Basta no quiero hablar más contigo, ¡Ahora déjame solo por favor!

-       Ángel, de verdad no siento nada  por él, es más es imposible que sienta algo por él, ya que el que me gusta eres tú, tú me gustas ángel. Te quiero.


     La piel se me erizaba cada vez que Gabriel me llamaba ángel, no era un secreto entre los dos de que siempre he deseado ser llamado así, pero mi rabia era más grande, el seguía repitiendo que no fue su culpa y que me quería, pero yo solo quería estar solo, no necesitaba más problemas a mi vida y estaba completamente seguro de que él era uno más. Después de diez minutos Gabriel se cansó de insistirme y se marchó, quede mirando cómo se alejaba de mí, deseando que no lo hubiese hecho, pero ya era tarde para arrepentirme, o al menos eso pensaba hasta ese momento, la moto en vez de seguir alejándose venía de vuelta hacía mí, la estaciono se bajó y se acercó a mí con paso firme y desafiante, me dijo no me iré a ningún lado ¿Sabes?, no me iré hasta que te des cuenta que te quiero a ti, se acercó a mí me tomo de la cintura, me acerco a él y lentamente fue acercando su cara a la mía, hasta que nuestros labios se unieron y nos fundimos en un hermoso beso, solo era testigo de nuestro amor el río, la noche, las estrellas y la luna. Nos fuimos acercando lentamente al pasto, me recosté sobre este, Gabriel aún me besaba, poco a poco bajo hasta mi cuello, yo me encontraba al borde de la locura, sus manos recorrían mi cuerpo bajo mi blazer, me susurraba a cada rato al oído, te deseo mi ángel. Yo no podía más de la excitación. Gabriel comenzó a quitarme el blazer y acto seguido desabotonar mi camisa, hasta dejarme con el torso descubierto, comenzó a besarme en cada parte de mi cuerpo, mientras yo le quitaba su polera, luego empecé a recorrer su cuerpo con mi lengua, estuvimos así un buen rato, hasta que el frío se apodero de nuestros cuerpos.



-       Mejor volvemos a la fiesta.

-       Tengo una idea mejor, dijo mientras se ponía nuevamente su remera.

-       Y ¿cuál sería esa idea?

-       Vamos, súbete a la moto y ya lo sabrás.


     Manejo sigilosamente hasta llegar al departamento de su amiga, lo quede mirando y le dije; - Le pediste las llaves a la Solé; - No, pero yo tengo una copia. Guardó la moto y subimos al departamento, tomo mi mano y me condujo hasta una habitación bastante acogedora, no me fije mucho en el color ni en detalles, ya que Gabriel se puso a besarme apenas cerró la puerta, sus besos y caricias eran más pasionales que en el puente, comenzó a desvestirme nuevamente y yo hice lo mismo, bese cada parte de su cuerpo, hasta que quedamos completamente desnudos, pude comprobar cuan excitado estaba ya que su respiración entrecortaba mostraba el estado en el que se encontraba, sus dedos recorrían mi espalda lentamente, desde mis hombros hasta llegar al quiebre de mi columna. Sus caricias lograban que me revolcara de placer, me encontraba excitado al máximo, pero él era todo un caballero, lentamente su lengua recorrió mi espalda en el mismo trayecto que habían hecho anteriormente sus manos. Doble el cuello para poder ver su rostro y en sus ojos vi lujuria, simplemente lo bese y me entregue. Cerré los ojos y me dispuse a disfrutar del momento, poco a poco iba cancelando los pensamientos de mi mente, los recuerdos se desvanecieron y solo podía pensar en él, entre mis gemidos susurraba su nombre, estaba al borde del éxtasis. Ahora mi mente solo le pertenecía a Gabriel, mi corazón también y bueno mi cuerpo también. Sin dudarlo era uno de los momentos más eróticos de mi vida y no quería que terminara nunca, Gabriel me dio vuelta sin salir de mí, quedando nuestras miradas frente a frente, luego me besaba y susurraba a mi oído, eres mío ángel, solo mío y no serás de nadie, más. Gabriel temblaba encima de mí, aún nuestros cuerpos estaban unidos, nos besamos y quedamos así por unos instantes, se acostó al lado mío y me afirme en su pecho, nos fundimos en un beso y caímos rendidos en un sueño profundo, felices de tenernos el uno al otro.


     Eran las nueve de la mañana cuando desperté, aun me encontraba sobre el pecho de Gabriel, sin dudas había sido una de las mejores noches de mi vida. Pero ahora que pasaría, eso yo no lo sabía.