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“Al Fin Juntos”
C
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omencé a caminar por el sendero del río en dirección
a mi casa, estaba decidido a irme caminando, por una parte maldecía haber
aceptado la cita de Gabriel, por otro me cargaba haber sido tan impulsivo y
llegar e irme de la fiesta sin medir las consecuencias.
Dentro de
la fiesta, Gabriel se quitó de encima a Jonathan su ex y fue a la mesa de sus
amigos, al notar que no estaba yo, le
pregunto a Soledad
-
¿Dónde
se había metido el Seba?
- Te vio besar a Jonathan y se fue corriendo, no nos
dio tiempo de detenerlo.
- Maldición,
debe haberse retirado de la fiesta.
Gabriel
salió tras de mí, pero yo le llevaba mucha ventaja, cuando estuve cerca del
puente viejo me detuve a pensar y a llorar, me sentía un imbécil pensando que
entre él y yo podía ocurrir algo. Estaba tan metido en mis asuntos que no
escuche el sonido de la moto de Gabriel acercarse, cuando ya se encontraba muy
cerca de mí, lo suficiente para atraparme si es que pensaba huir, me dice.
-
Ángel,
¿Qué haces aquí, tan solo?
- Nada, simplemente me aburrió la fiesta, pero ¿Qué
haces tú aquí? Vuelve, puede que Jonathan se enoje al ver que no estas.
- Por eso te enojaste, bien, sabes una cosa, sé
que no me vas a creer, pero él me dio un beso, yo no quería hacerlo.
- Que obligado tú, no me pareció verte tan
incómodo sabes.
- Tienes razón al estar enojado conmigo, pero
Seba de verdad que ese beso no significo nada para mí, hace tiempo que logre
superar a Jonathan.
- No te creo, ahora me dejas a solas por favor.
- No, no lo haré, hasta que te des cuenta.
- ¿Qué me dé cuenta de qué?, ¡que me invitaste a
la fiesta solo para restregarme en la cara tu felicidad!, para que viera como
te besas con él. No Gabriel muchas gracias, pero he aprendido bastante a lo
largo de mi vida.
- Pero ángel, de verdad que no siento nada por
Jonathan, él fue el que me beso.
- Basta no quiero hablar más contigo, ¡Ahora
déjame solo por favor!
- Ángel, de verdad no siento nada por él, es más es imposible que sienta algo
por él, ya que el que me gusta eres tú, tú me gustas ángel. Te quiero.
La piel se me erizaba cada vez que Gabriel me
llamaba ángel, no era un secreto entre los dos de que siempre he deseado ser
llamado así, pero mi rabia era más grande, el seguía repitiendo que no fue su
culpa y que me quería, pero yo solo quería estar solo, no necesitaba más
problemas a mi vida y estaba completamente seguro de que él era uno más.
Después de diez minutos Gabriel se cansó de insistirme y se marchó, quede
mirando cómo se alejaba de mí, deseando que no lo hubiese hecho, pero ya era
tarde para arrepentirme, o al menos eso pensaba hasta ese momento, la moto en
vez de seguir alejándose venía de vuelta hacía mí, la estaciono se bajó y se
acercó a mí con paso firme y desafiante, me dijo no me iré a ningún lado
¿Sabes?, no me iré hasta que te des cuenta que te quiero a ti, se acercó a mí
me tomo de la cintura, me acerco a él y lentamente fue acercando su cara a la
mía, hasta que nuestros labios se unieron y nos fundimos en un hermoso beso,
solo era testigo de nuestro amor el río, la noche, las estrellas y la luna. Nos
fuimos acercando lentamente al pasto, me recosté sobre este, Gabriel aún me
besaba, poco a poco bajo hasta mi cuello, yo me encontraba al borde de la
locura, sus manos recorrían mi cuerpo bajo mi blazer, me susurraba a cada rato
al oído, te deseo mi ángel. Yo no podía más de la excitación. Gabriel comenzó a
quitarme el blazer y acto seguido desabotonar mi camisa, hasta dejarme con el
torso descubierto, comenzó a besarme en cada parte de mi cuerpo, mientras yo le
quitaba su polera, luego empecé a recorrer su cuerpo con mi lengua, estuvimos
así un buen rato, hasta que el frío se apodero de nuestros cuerpos.
- Mejor volvemos a la fiesta.
- Tengo una idea mejor, dijo mientras se ponía
nuevamente su remera.
- Y ¿cuál sería esa idea?
- Vamos, súbete a la moto y ya lo sabrás.
Manejo sigilosamente hasta
llegar al departamento de su amiga, lo quede mirando y le dije; - Le pediste
las llaves a la Solé;
- No, pero yo tengo una copia. Guardó la moto y subimos al departamento, tomo
mi mano y me condujo hasta una habitación bastante acogedora, no me fije mucho
en el color ni en detalles, ya que Gabriel se puso a besarme apenas cerró la
puerta, sus besos y caricias eran más pasionales que en el puente, comenzó a
desvestirme nuevamente y yo hice lo mismo, bese cada parte de su cuerpo, hasta
que quedamos completamente desnudos, pude comprobar cuan excitado estaba ya que
su respiración entrecortaba mostraba el estado en el que se encontraba, sus
dedos recorrían mi espalda lentamente, desde mis hombros hasta llegar al
quiebre de mi columna. Sus caricias lograban que me revolcara de placer, me
encontraba excitado al máximo, pero él era todo un caballero, lentamente su
lengua recorrió mi espalda en el mismo trayecto que habían hecho anteriormente
sus manos. Doble el cuello para poder ver su rostro y en sus ojos vi lujuria,
simplemente lo bese y me entregue. Cerré los ojos y me dispuse a disfrutar del
momento, poco a poco iba cancelando los pensamientos de mi mente, los recuerdos
se desvanecieron y solo podía pensar en él, entre mis gemidos susurraba su
nombre, estaba al borde del éxtasis. Ahora mi mente solo le pertenecía a
Gabriel, mi corazón también y bueno mi cuerpo también. Sin dudarlo era uno de
los momentos más eróticos de mi vida y no quería que terminara nunca, Gabriel
me dio vuelta sin salir de mí, quedando nuestras miradas frente a frente, luego
me besaba y susurraba a mi oído, eres mío ángel, solo mío y no serás de nadie,
más. Gabriel temblaba encima de mí, aún nuestros cuerpos estaban unidos, nos
besamos y quedamos así por unos instantes, se acostó al lado mío y me afirme en
su pecho, nos fundimos en un beso y caímos rendidos en un sueño profundo,
felices de tenernos el uno al otro.
Eran las nueve de la mañana
cuando desperté, aun me encontraba sobre el pecho de Gabriel, sin dudas había
sido una de las mejores noches de mi vida. Pero ahora que pasaría, eso yo no lo
sabía.
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