Susurraste
un te quiero e Inundaste mi alma de sueños y anhelos…
Tuve
miedo a caer, pero creí que podía confiar…
Me aterraba
volver a lo mismo.
Volver
a tropezar una y otra vez, malgastando la vida…
Entonces,
comprendí los silencios y las miradas escurridas,
Pensé
que seríamos todo, sin embargo no fuimos nada.
Solo
nos quedó un torbellino de preguntas sin respuestas.
Cerrar
los ojos, y recordar la madrugada en que nos unimos,
En que
me dijiste por primera vez, todo va a andar bien.
Yo era
un chico en llamas en busca de tu calor,
Esos
brazos ardiendo de deseos
Cuyo
fuego quemaba hasta el rincón más recóndito de mi alma.
Pero
todo lo que empieza, tarde o temprano se acaba
Y en
esta historia cuando el fuego se apagó y quedó el hambre.
Me di
cuenta que realmente nunca fuiste mío,
Solo
fueron promesas de una noche, un abrazo roto,
Una caricia
muda o una sonrisa muerta.
Pero
sé que aún estoy encadenado,
A mil
momentos que siguen albergando en mi mente,
Que la
alimentan de una energía misteriosa y familiar,
Una energía
altamente peligrosa, y aterradora.
Sé que
en cualquier momento puedo caer,
Pero
abro mis alas e intento escapar,
Aunque
solo consigo atarme más a ti.
Me alejo
y no vuelvo a ti,
Pero
las cadenas y los muros que he construido
Hoy se
han convertido en mi hogar…
Y por
más que me rehúse es inevitable.
Me encuentro
atado a ti.