Simplemente
nos miramos y todo fluyó mágicamente, al menos eso yo creía, aquella tarde de
lluvia Jorge y yo íbamos caminando y conversando de mil cosas, de sus miedos y
los míos, en un momento un abrazo inesperado me hizo pensar que todo estaría
bien y que este era el indicado.
Fueron
semanas viviendo los más bellos momentos, en donde poco a poco mi amor por él
iba creciendo, tardes cocinando juntos, viendo una película, o simplemente caminando
por el bosque, recorriendo la playa, burlándonos de la vida y observando el
horizonte pensando en que no habría más. Todo iba fluyendo de maravillas.
Hasta
que un día nos volvimos a ver, pero su mirada no era la misma, caminamos por
caminos antes transitados. Nos detuvimos en aquella esquina, que hoy miro con
nostalgia. Me miró fijamente a los ojos y me dijo: “Lo nuestro no puede ser,
porque estoy enamorado de otro”. Mi corazón se rompió en mil pedazos, miré
hacia su lugar, el que lentamente abandonaba para perderse a lo lejos, en ese
momento supe que jamás sabría algo de él. Y me quede deshecho.
Luego
miré al cielo con resignación, y pensé… vendrá algo mejor y entonces sonreí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario