miércoles, 8 de febrero de 2017

MEMORIAS DE UN DOLOR



He caído lo más bajo que un ser puede caer,
He caminado hasta gastar completamente mi marcha,
He llorado, hasta conseguir que se llenen los océanos,
He gritado en silencio, así nadie puede oírme,
Hoy he sufrido…

Cierro mis ojos,
Y descubro dentro de mí, secretos que ni yo mismo conocía,
Mi necesidad impetuosa de volar,
Me arrastra por acantilados de perdición.
Mis alas están rasgadas, no puedo hacer nada…
Quizás es mi destino.

Mi necesidad de erotismo crece,
Pero es un secreto que debo guardar,
Si la sociedad se entera, entre penumbras me dirán…
Loco… Me dirán rebelde, me dirán Promiscuo.

Me ahogo en el río, en esta noche de luna menguada
Aquella luna comparte la misma tristeza que alberga mi alma,
Todo es oscuro, pero no me importa
De mis ojos se ha ido el color, de mis oídos el sonido,
De mi boca la voz y de mi piel el tacto…
Mis manos suaves, hoy solo logran hacer daño.

Sin duda la pasión de mi cuerpo ha sido olvidada,
Se ha marchado a los más recónditos lugares del mundo,
Una lágrima mía cierra un pacto de vida,
Esa vida que por mi inercia estoy viviendo…
Dicha vida que comencé a vivir solo, y hoy soy el rey de la soledad y del silencio.

Solo alguien con el alma manchada por una pena de amor,
Podrá entenderme…
Solo ese ser y yo compartimos el mismo dolor,
Solo él y yo, caminamos juntos hacia el mismo destino.
Quizás incierto, quizás desdichado.

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